Su excelencia decide distender un poco el ambiente luego de tantos acontecimientos sociales que han golpeado a su equipo de gobierno y como buscando una alternativa para no tener que cambiar el gabinete y para que se quieran todos, organiza un asado de camaradería con invitados afines en el cerro Castillo de Viña del Mar. La idea es que sea una actividad participativa y espontánea para lo cual todo será preparado por ellos mismos por lo que se da asueto a todo el personal de servicio, dejando solamente para algún caso imprevisto (compras de último minuto, falta de trago o cigarrillos) al edecán militar. Las compras, con cargo a gastos reservados de la presidencia, las efectúa Andresito por encargo especial de don Seba. Y mientras Joaquincito comienza a soplar los primeros humos del carbón traído especialmente en helicóptero desde el fundo Tantauco y los primeros piscos sour preparados por la primera dama alimentan gárgaras ansiosas, los cortes de wayhú que vendió para la ocasión don Julián Fonce Leru Leru y de otros animales más ordinarios comienzan a ser adobados por las féminas Evelyncita y Enita, quienes no tienen idea de cómo preparar carnes para un asado porque en sus casas esas cosas las preparan las nanas peruanas que para eso se les paga y le piden colaboración a los varones que nunca faltan a la hora de hacerse los simpáticos frente a una dama; de esta manera, las carnes son preparadas por Pablito y por Jaimito mientras ellas se viran a brindar en el grupo de don Seba.
El presidente conversa animadamente con Julián Fonce y le agradece la carne y don Juliá le agradece el favor del agua en contra del Fra-Frá y - no hay nada que agradecer, Julián, este gobierno apoya firmemente a los empresarios honrados- y don Julián se pone medio granate y no sabe qué contestar, entonces interviene la Lilyta que no se separa de su excelencia y pide un brindis por la abnegada labor del ministro Felipito en contra de los comunistas disfrazados de estudiantes y Felipito está a punto de decir que, si hubiera sabido, no juraba ni curado pero se contiene y se acerca al grupo, vaso en mano para brindar y recibir un fuerte abrazo de parte de don Seba y salud, y -¿tú no te sirves nada, Joaquincito?- indaga don Seba y Joaquincito, medio ahogado por los humos le responde que -primero está, señor presidente, cumplir la misión que me encomendó- y se escucha un bravo de más atrás y en otro grupo alternan otros ministros con empresarios varios pero selectos, complotando para futuros proyectos de ley que hagan prosperar a este país, léase prosperar a ellos porque si no prospera la actividad privada no prospera naca el país. Y a Pall Mall se le ocurre que se podrían licitar las ferias libres porque es un mercado que no está debidamente estructurado y que si estuviera en manos privadas pero de los privados que todos sabemos (cerrando un ojo a sus oyentes) ya no se verían más en las ferias a viejas con juanetes ni a guatones con ponchera en los puestos y que se podrían promocionar otros productos aprovechando la convocatoria de público que en eso yo soy experto y que se cobraría renta por los puestos y que los mejores puestos serían explotados por los privados que todos sabemos (y nueva cerrada de ojo) y -no se me habría ocurrido jamás don Hertzito- salud, y alguien le pide a Laurencito que cuente otra vez los pormenores de su heroico rescate de los mineros y el héroe inventa e inventa, inventa tanto que se le llega a olvidar que son puros inventos y se cree el cuento más que los que lo escuchan y aplauden y salud por don Laurencito y don Laurencito se emociona y se quiebra y lo abrazan conmovidos por su enorme lado humano que si no hubiera sido por ese lado humano los treinta y tres serían todos finados y -salud por el futuro presidente- y Biji que está al lado de Joaquincito soplando el fuego para la oreja y le espeta a éste que -otra vez vas a quedar off side, déjame soplar a mi y tú anda a venderte que te están ganado el quién vive- pero cuando Joaquincito llega al grupo ya se ha cambiado de tema y no sabe cómo venderse porque no estaba planificado en la agenda y regresa al fogón y se disculpa diciendo que deberá consultar con la gente para tomar una decisión y Biji se indigna y se aleja dejándolo solo. Mientras tanto los comensales, que a fuerza de tomar con el estómago vacío se empiezan a alegrar y empiezan a sentirse más cómodos lo cual es natural pues corresponde a la primera etapa del estado de embriaguez en los seres humanos, esa en que asoman las bondades del espíritu y nos encontramos todos el descueve unos a otros y los de renovación están mezclados con los udi y un empresario por aquí y otro por allá, todos amigos y se tiran los onerosos cortes a la parrilla y todos opinan sobre la mejor manera de preparar un asado pero no se ponen de acuerdo porque unos dicen que la sal aquí y otros que la sal allá y si no se ponen de acuerdo para un puto asado, ¿cómo se van a poner de acuerdo para gobernar un país que es mucho más difícil?...digo yo…En un grupito un poco más alejado se trama licitar los servicios de taxis en todo el país y están discutiendo la forma de introducir el proyecto sin que la opinión pública se oponga, ojala que sin que se entere que es lo ideal; y Pedrito Pablito le pide colaboración a Agustín Eduardos que ya comienza a devorar un choripán y se compromete a iniciar una campaña de información en el decano para que se sepa que los taxis en manos de personas pobres representan un peligro para la sociedad que -para eso estamos, para servir a la comunidad, pero a la comunidad que todos sabemos- (cerrando un ojo a sus oyentes) y que -de a poco se irá generando un ambiente apto para la introducción del proyecto- y alguien pregunta que cómo va a pasar por el parlamento con tanto concertacionista y se le responde que -por muy concertacionista que sea un concertacionista, deja de ser concertacionista a la primera que le muestran unos pocos billetes gordos- y salud. Y se pide otro salud por la primera dama y su exquisita mano para preparar el pisco sour y no se dan cuenta de que se está produciendo un superávit de saludes con el estómago vacío y que eso puede traer consecuencias no deseadas y, producto de lo mismo, ya se ve a algunos abrazados con otros lo cual en un asado común y corriente ocurre casi al final de las carnes y yo pienso que debe ser porque los presentes tienen poca experiencia en tragos y en comer carne. Finalmente, luego de varios saluces más llega el momento de sentarse a la mesa y el pobre wayhú y su séquito agregan al pretérito sufrimiento de haber sido injustamente muertos para la ocasión y a la tortura de ser quemados, la tortura de ser devorados en una ceremonia en la que, curiosamente, todos reman para el mismo lado que es la de deglutir y que era lo que don Seba buscaba inicialmente pero que a estas alturas ya lo tiene medio borroso en sus neuronas porque uno será buen presidente y muy buen empresario, pero no le pidan a uno que con la tracalada de piscos sours que se ha tomado uno conserve claras las ideas. Y los animalitos que se demoraron meses en crecer y desarrollarse y más de una hora en ser adobados y cocidos en la parrilla desaparecen en menos de veinte minutos en el interior de los comensales que guardan silencio porque con la boca llena no se habla y salud, pero ahora con vinito tintito traído de la viña Undurraga de Josefín Yuras pero que fue donado porque este señor tiene visión de largo plazo y ahora ya se oyen risotadas entre aquellos y manotazos y hasta su empujón huacho, todo producto de la contentura que produjo no el asado sino el alcohol y algunas de las damas empiezan a sentirse medio mareadas pero no le cuentan a nadie y se frenan en el trago y alguien golpea un vaso con el tenedor para atraer la atención y es don Seba que -primero que nada quiere pedir que se dejen de tratarlo de señor presidente, que ahora son todos iguales- y agradece por la presencia de todos y por el patriotismo demostrado en algo tan simple como este asado lo cual demuestra el tremendo espíritu luchador del chileno, ya sea empresario o trabajador, pero más el del empresario que el del trabajador y hace recuerdos de los que ya han partido y que con su legado ha contribuido a una patria justa y menciona a varios omitiendo al capitán general, pero entre los cuales se le chispotea el nombre de Richard Diáfano Valdés (y la primera dama piensa -ya la volvió a cagar-) y pide un salud por los que ya partieron pero la Evelyncita, con la nariz roja como un tomate, se queda muda pensando y haciendo memoria y pide la palabra y le comienzan a aflorar sentimientos de esos que tan fácilmente afloran cuando las neuronas se empapan con vapores etílicos y se acuerda del piñeragate y le saca en cara que fue un desleal y don Seba trata de desviar la atención apelando al patriotismo y a la calidad de ministros de la mayoría pero ya es muy tarde porque a las palabras que casi no se entienden de la Evelyncita se agrega Joaquincito (azuzado por Biji) reclamándole a don Seba que le debería haber dado un ministerio más trascendente y que lo mandó a los leones con el ministerio de educación y Felipito pega un brinco y defiende a su presidente no por defender a su presidente sino por dignidad, porque le están minimizando su ministerio y se comienzan a formar dos bandos y la Lilyta junto a su presidente y la primera dama comienza a ponerse cachuda y a controlarla en todos sus movimientos que ya no parecen de lealtad política sino de otra cosa y lo último que puedo narrar es que a uno de los comensales que no he podido identificar se le da vuelta la vianda hasta que me toman de un brazo y me piden amablemente que abandone el recinto por motivos de seguridad nacional razón por la cual debo dejar hasta aquí mi relato sin poderles contar en qué termina todo el enredo y sin haber este cronista probado un puto vaso de vino y menos una carnecita o un choripán.
Reparto:
Don Seba: No es el presidente Piñera.
Andresito: No es el ministro vocero Andrés Chadwick.
Joaquincito: No es el ministro de planificación Joaquín Lavín.
Julián Fonce Leru Leru: No es el destacado empresario Julio Ponce Lerou.
Evelyncita: No es la ministra del trabajo Evelyn Matthei.
Enita: No es la senadora Ena von Baer.
Pablito: No es el ministro de economía Pablo Longueira.
Jaimito: No es el ministro de salud Jaime Mañalich.
Lilyta: No es la senadora Lily Pérez.
Felipito: No es el ministro de educación Felipe Bulnes.
Hertz Pall Mall: No es el empresario Horst Paulmann.
Laurencito: No es el ministro de obras públicas Laurence Golborne.
Biji: No es el economista Hernán Büchi.
Pedrito Pablito: No es el ministro de transportes Pedro Pablo Errázuriz.
Agustín Eduardos: No es el director de El Mercurio Agustín Edwards.
Josefín Yuras: No es el empresario José Yuraszek.
Richard Diáfano Valdés: No es el empresario Ricardo Claro Valdés (Q.E.P.D.).
P.S. Hagoestasaclaracionesporqueenunaprimeralecturadeestacrónica
interrumpidasepodríapensarquelospersonajessonloqueparecieran
peronolosontodoesunasimplecoincidencia.
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